Al principio, el queso azul es totalmente blanco. No tiene vetas, ni color, ni sabor fuerte.
Todo cambia gracias a un hongo llamado Penicillium, que se añade durante la elaboración. Este hongo se desarrolla dentro del queso y crea las vetas azules o verdes que vemos al cortarlo.
Para que el Penicillium crezca, los quesos se pinchan con agujas, creando pequeños canales de aire. El oxígeno permite que el hongo se expanda y transforme el queso, dando esos sabores intensos, picantes y únicos.
En resumen:
El azul viene del hongo y del aire, y cada veta cuenta una historia de fermentación viva.